Confesiones de otoño
I. Existen unas pocas cosas que me permiten hacer de esta una vida más llevadera: el vino, la lluvia, los libros, la música, y, -por supuesto- las mujeres, esos seres paradójicos que se sitúan en el extraño borde que hay entre el caos rojo y el caos azul, despidiendo un vaho hipnotizante, como las ondas del humo del incienso encendido, sin el fuego su aroma permanecería tristemente escondido…
II. Hay miles de maneras de beber un café o un té, casi todas comienzan por una acción totalmente gustativa, mas la (sin duda alguna) mejor forma para hacerlo comienza con una detallada observación de los elementos discurriendo unos con otros, desplegando poco a poco su aroma. La degustación debe ser tan sólo la gloriosa culminación del acto.
III. Uno de mis pasatiempos más comunes consiste en observar detenidamente a las cabezas que van en los autobuses. Para esto camino hacia el asiento final, me ubico en él y me dispongo a desentrañar el espectáculo de cabezas delicadamente ordenadas en sus puestos, algunas pueden estar pensando en el tiempo, otras en sexo, quizás algunas en la significancia de su vida. Sin duda alguna es un pasatiempo maravilloso…